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GUIÓN EXPLORADORES DE LA SIMA DE CABRA 1ª PARTE La primera exploración de la que se tiene conocimiento fue en 1683, Fernando Muñoz Romero, entró en la sima de cabra para investigar la existencia de un cadáver que había sido arrojado.
Los útiles usados fueron, un gran torno de madera y dos maromas. Iba sentado en una tablilla y afianzado fuertemente por pecho y espalda. La iluminación constaba de dos hachas de cuatro pabilos.
Estas técnicas ilustradas en grabados, fueron más tarde utilizadas por Martel (pionero de la espeleología).
Una vez hallado el cadáver, fue envuelto en una manta y atado a uno de los cabos, en la otra cuerda, subía el rescatador Fernando Muñoz Romero.
Corría el año de1841, Pedro de Torres y Nicolás Fernández, utilizaron un tablado para aproximarse al centro de la boca y un gran tronco con tres poleas, por las que pasarían tres cabos controlados por sus correspondientes tornos.
Construyeron un cajón, y mediante el sonido de una campana coordinaron la exploración.
El día de antes, bajaron hasta lo más profundo un perro y una luz, para comprobar el estado general de la atmósfera.
Al amanecer con todos los artefactos necesarios, luces, antorchas, palancas y cuerdas, consiguieron su objetivo.
A pesar de ser la primera exploración con carácter científico, las opiniones que quedaron relatadas fueron muy divergentes.
En 1940, hubo un intento de bajada. Para ello encargaron a un herrero construir una vigueta metálica con una polea, que actualmente permanecen en la boca de la Sima.
A pocos metros, debido al peso del explorador, la vigueta hizo un movimiento de inclinación que obligó a abandonar la exploración.
En 1960, comienzan los verdaderos espeleólogos, expertos en investigación de las cavidades. Utilizan un torno especializado, según figura en el dibujo publicado por el Diario Córdoba.
1970, el grupo egabrense realiza sus primeras exploraciones. Nuevas técnicas son empleadas. Asegurados con correajes de cuero y mediante una cuerda que controla el compañero, los exploradores bajan y suben por las escalas. La cabeza va protegida con un casco, que a su vez aloja el sistema de iluminación.
Un accidente aéreo en la sierra de Cabra, proporciona una red de cable de acero y mosquetones que son transformados en escalas, fundamentalmente por Rafael Guerola y Manuel Ayllón. Los 60 metros de escalas limitaron la profundidad del descenso.
En esta animación de Pepe Palomar, un punto azul representa la bajada hasta 40 metros, donde mediante un péndulo alcanzamos la formación denominada “el caballo”.
Por un conducto paralelo al pozo principal, a 50 metros, encontramos una plataforma seguida de una estrechez, y tuvimos que limpiarla de piedras para poder avanzar en la exploración. En este año, gracias a la primera organización nacional de actividades culturales, representantes de grupos de toda España coordinados por Paco Galo, llevarán a cabo la desobstrucción de la vía oscura.
La apertura de este paso, nos permite, ante la falta de suficiente material, fraccionar la bajada, haciendo uso del tramo primero de 40 metros de escalas. Este es desmontado y bajado con cuerdas, para colocarlo en la parte final del pozo.
Así se logró alcanzar el fondo.
Una nueva etapa comienza, facilitando el conocimiento a nuevos compañeros de la grandeza de este abismo. Nuevas técnicas se incorporan, como el rápel o descenso por cuerda, asegurándonos a una segunda. En las fotos observamos el aprendizaje de estos métodos con aparatos de bajada y subida a través de la cuerda.
A partir de este año nuestro grupo abandona la técnica de la escala. Todo es con cuerda, incluso los arneses.
Socorristas de la Federación Andaluza de Espeleología, son avisados para el rescate de un cuerpo fácilmente identificable. En el bolsillo llevaba la cartera, con un documento, cuyo nombre resultó ser de nuestro amigo Felipe Cobos Ávila. Le acompañaba mecanografiada, la oración del famoso explorador Marcel Loubens; y en su parte final manifestaba: “Señor, si alguna vez, llegase a perder la vida que tú me diste, haz que descanse para siempre, en este silencio encantado.
A tus 21 años, Felipe, como explorador y admirador unos años antes de este grandioso monumento natural, rescataron tu cuerpo, pero dejaron cumplir tu propósito: “descansar para siempre en este templo, de profundo silencio encantado”.
2ª PARTE Iniciamos la actividad con el traslado del material, la rutina de siempre; los preparativos: nos enfundamos los monos, colocamos los arneses (que en esta ocasión están fabricados con cinturones de seguridad de coches), nos ponemos los cascos, aparatos, carbureros… y comienza la aventura.
El primero va asegurado por una cuerda dinámica que controla el compañero. Pone el aparato de bajada en la otra cuerda estática y desciende por ella.
Los anclajes (o lugares de amarre) de las cuerdas en la boca, son elementos naturales de gran resistencia: rocas o árboles. Éstos están reforzados por objetos artificiales, que introducimos en las grietas, como son: las clavijas y empotradores.
El segundo dispone de dos cuerdas fijas instaladas.
(¡Paco voy para abajo! “voy para bajo y ahora me ve pasar por ahí al lado sisss”)...
En una de las cuerdas instala el aparato de descenso, y en la otra va autoasegurándose con un bloqueador.
Las primeras imágenes de video desde el fondo, fueron festejadas lanzando unos globos.
Este bloqueador obtuvo el primer premio en la IV Feria Nacional de la Ciencia y Expoingenio infantil. 3ª PARTE Nuevas exploraciones fueron repitiéndose con la idea de obtener mejores imágenes y diferentes planos con la cámara.
El carburero, uno de los elementos primordiales, del sistema de iluminación en las cavidades. El goteo del agua, ubicada en su depósito superior, reacciona con la piedra de carburo alojada en la parte inferior, produciendo gas acetileno, cuya combustión da una luz blanca muy luminosa.
Debemos tener mucho cuidado con la llama para no quemar las cuerdas, así en estrecheces y situaciones recomendadas, el casco dispone como complemento una instalación eléctrica.
Continuamos practicando la técnica de doble cuerda, y nos despreocupan los roces, siempre que la roca no presente aristas cortantes.
Otro apartado importante es el reportaje fotográfico.
Mediante el golpeo con la maza, abrimos un agujero en la pared, producido por la acción de los dientes que posee el taco autoperforante. Una vez concluido, aplicamos un cono en su interior que obliga a expansionar el taco evitando la salida. Finalmente atornillamos una placa, dónde con el mosquetón anudamos la cuerda.
A medida que profundizamos, las paredes van alejándose de nosotros, de manera que con una patada, hacemos una acción pendular, para alcanzar un lugar de parada, llamado “el caballo”, (por la posición de silla de montar que adoptamos).
Una racha de viento, precipita la caída de las hojas secas de la higuera, ofreciéndonos una honda perspectiva.
En ocasiones algo se deja caer, llevándonos algún que otro susto.
Seguimos perforando la roca, para obtener puntos de anclaje don de situar la cámara de filmación.
L a claridad idónea del día, nos permite con el juego de lentes de la videocámara, apreciar el caminar por el fondo, en la escena rodada desde la boca.
En cada tramo independiente de las cuerdas, los exploradores regresan con las técnicas de subida.
En este momento, nuestra manera de ascender consistía en un bloqueador de puño del que partía un cabo de seguro y un cordino con estribo para el pie. Al otro pie colocamos directamente un bloqueador de diseño especial.
Con la salida de los espeleólogos, y recogida de material, finalizábamos un día llenos de satisfacción y esperanza en esta labor realizada, cuyo empeño de mejorar fue siempre constante.
En 1988 la evolución técnica incorporada en nuestro grupo, consiste en utilizar una sola cuerda. Para ello se hace necesario que en todos los sitios dónde existe un roce de la cuerda con la roca, se instalara un taco expansivo, y se fraccionara la única e importantísima cuerda de la que dependemos, haciendo un uso muy cuidadoso y esmerado.
En el fondo frecuentemente nos reciben con inmensa mansedumbre palomos que nacen en este lugar. Desorientados en sus primeros vuelos, agotan sus fuerzas para poder vencer este vertiginoso abismo.
Para muchos se convertirá en una gran trampa, acabando con sus vidas y formando parte de la colección de huesos, en la que sólo los de animales de gran tamaño permanecen.
Otra vez más abandonamos la penumbra, y nos alegramos de la experiencia y momentos entrañables, que este maravilloso lugar nos ofrece.
Un año más, en el cual fabricamos nuevos arneses con cinta plana. Nos recibieron con entrega y agrado nuevos pichones, y contamos con un gran colaborador en la construcción de más aparatos: Rafael Belmonte.
4ª PARTE En 1990 la única mujer que pertenecía a nuestro grupo, se prepara y consigue con éxito, visitar las entrañas de la tierra.
Aunque no es egabrense, pero muy cercano a nuestra tierra, comparte las vivencias del mundo subterráneo con el club de Cabra. Nosotros nos sentimos agradecidos, por transmitirnos los conocimientos y afición en el vuelo con parapente.
Aumentan cada vez más el número de tacos expansivos en la pared, dependiendo exclusivamente de estos anclajes y abandonando los amarres naturales.
Las posibilidades de itinerarios o vías diferentes, crece con el tiempo, instalando más caminos no sólo en el pozo principal sino en galerías paralelas.
En nuestro pueblo aumenta la inquietud e interés en el sector femenino, haciéndose patente la consecución de metas, y alcanzando el disfrute de este tipo de actividades por parte de la mujer egabrense.
El buen gusto de la fotografía de nuestro amigo Ramón, le permite sacar a la luz, “los fogonazos de la oscuridad”, que revelan sus trabajos en este apartado técnico tan especializado.
Equipada con los últimos aparatos específicos de la exploración subterránea en grandes verticales, y la preparación idónea alcanzada, nos atrevemos a decir, que se trata de la exploradora más joven de la historia espeleológica de La Sima de Cabra.
En la aplicación de la técnica, cuenta con unos ajustes y retoques caseros, que conservan el carácter peculiar y novedoso de nuestro grupo, estos son: la elaboración del arnés de pecho y cintura, adaptación de una polea en el puño y colocación de un croll como bloqueador de pie.
Dos compañeros nuevos se suman a este acontecimiento.
Tres nuevos socios conocen la sima en este año, Chana García Moreno, José Antonio Gámiz Martínez, y Francisco Lozano Arévalo.
Otro año más en el calendario y de manera imparable, el número de visitantes aumenta: Jesús Labajo Yuste, Rafael Mena Gallardo, Jesús Mena Gallardo, José Manuel Gómez Moñiz, Juan Manuel García Gómez, Francisco Rodríguez Baca, y con ellos otra mujer Verónica León Arroyo.
La preparación del IV Centenario de la Publicación del Quijote, traerá sin dudas un buen número de colaboradores, en las diversas incursiones de índole especial que pretendemos realizar. Nuevos exploradores están esperando la ocasión. |
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